sábado, 2 de agosto de 2014

Los gatos del antiguo Egipto

si bien nosotros adoramos a nuestros gatos, existió un imperio que también los consideró importantes hace mas de 4000 años, llegando a convertirlos en Dioses. Los antiguos egipcios fueron los primeros en adoptar a los gatos como mascotas, de hecho, nuestros gatos domésticos de hoy, tienen como antepasado común, el gato egipcio.
Los gatos comenzaron ganandose la confianza de los egipcios, al ser magníficos guardianes de sus cosechas, estos mantenían a las ratas y otros depredadores lejos de sus almacenes de maíz, algo esencial para esta civilización, ya que si se perdían los granos, los egipcios podían pasar hambre hasta la siguiente cosecha.
Los felinos gozaban de mayor libertad que otros animales domésticos, como los perros, que fueron domesticados incluso antes que ellos, se les permitía ir y venir a voluntad hasta que finalmente, los gatos decidieron quedarse entre los humanos y criar a sus hijos en este ambiente.
Los egipcios adoraban a la Diosa Bastet, una diosa con cuerpo de mujer y cabeza de gato, que representaba al amor y la procreación. Esta tenía su propia ciudad, llamada Burbastis, que era el centro de culto de la diosa.
La antigua ciudad de Bubastis (hoy Zagazig, en el delta del Nilo) estaba consagrada a su culto, y de allí proceden centenares de gatos momificados que fueron enterrados en su memoria. Su culto fue tan importante que en sus templos se criaron gatos en su representación, y a la muerte de éstos, eran cuidadosamente momificados, enterrándolos en tumbas específicas para ellos.
Bastet es una diosa pacífica pero, cuando se enfada, se transforma en una mujer con cabeza de leona, asimilándose a la diosa Sejmet y, algunas veces, es mucho más violenta que esta. Al igual que el animal totémico que la representa, Bastet era una diosa impredecible que podía mostrarse tierna o feroz en cualquier momento.
Los antiguos egipcios consideraban a los gatos como manifestaciones de la diosa Bastet y, cuenta la leyenda, que se rendían ante los persas cuando éstos sostenían gatos frente a sus escudos, ya que los persas sabían que los egipcios eran capaces de rendirse antes de lastimar a algún gato. Así fue como perdieron a la ciudad de Pelusio, la actual Puerto Saíd.
El respeto y la adoración por los gatos era tan elevado, que, por ejemplo, en caso de incendio de la vivienda, el felino tenía que ser el primer miembro de la familia en ser rescatado. Por esa época, matar a un gato, estaba penado con la pena de muerte, aunque la muerte fuera sin querer o sin intención de hacer daño al animal.
El cronista romano Diodoro Siculo, cuenta la anécdota de un legionario que fue linchado por la multitud por haber matado accidentamente a su gato. Existen muchos datos curiosos de la época, como por ejemplo, cuando un gato moría, todos los miembros de la familia debían afeitarse las cejas en señal de luto.
Cuando los gatos morían, eran embalsamados, un trato que solo era exclusivo de los dioses. Fue a partir de la XXII dinastía (9850a.c) cuando se comenzó con la momificación de los gatos, algo que se ha podido comprobar en la actualidad gracias al descubrimiento de más de quince necrópolis dedicadas a estos felinos.
Los antiguos egipcios tenían la creencia de que los ojos de los gatos eran capaces de escrutar el alma humana. Se puede apreciar en las mujeres de la época, como se maquillaban los ojos imitando los rasgos de los gatos.

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